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Soy Debra. Tengo 33 años y vivo en Zapopan, Jalisco. Me interesan muchas cosas y aspiro a atender esta inclinación promiscua, en mayor o menor medida, a través del aprendizaje y la práctica. Suelo priorizar la escritura porque ha sido el instrumento más generoso que he encontrado para pensar, explorar, conocer y transmitir lo que me importa (gracias a ella puedo ser todo lo que no puedo ser). Aquí recopilo hallazgos y experimentos derivados de esta andanza.

Fui becaria del programa Jóvenes Creadores del Fonca (2017-2018) en la especialidad de ensayo literario. Textos míos forman parte de los libros Ciudades aprehendidas y otros apegos. Antología de ensayo literario joven en México (Instituto Literario de Veracruz-Palabra Andante, 2019) y El rey de las bananas (Paraíso Perdido-Divague, 2015), entre otros. Hubo un tiempo en el que escribía mucho más que ahora. Entonces tuve una columna mensual en el blog de Impronta, Casa Editora y colaboré en varias revistas literarias. Pocos de estos ejercicios de escritura hoy me satisfacen, pero al fin y al cabo dan cuenta de una parte del camino que he tomado.

Profesionalmente, los últimos cinco años me he desenvuelto, sobre todo, dentro del sector público: en la Biblioteca Vasconcelos (2017), como curadora y editora en varios proyectos digitales; en la Central de Abasto de la Ciudad de México (2019-2021), como asesora en comunicación y diseño, gestora de proyectos, programadora cultural y mujer orquesta; en el programa Alas y Raíces, como coordinadora editorial temporal (2020), y en CODENI A. C. (2021-2022), como coordinadora de comunicación social. Mucho antes fui redactora en el diario Proyecto Diez y colaboradora regular de México DESIGN, entre otras revistas; también edité los cuatro números de ACTA de Arquitectura.

Hace poco tomé la feliz decisión de renunciar a mi trabajo de oficina. Por ahora colaboro en proyectos editoriales de manera independiente y estudio programación (entre otras cosas). En mi tiempo libre trebejo.

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